Notas

 

   

 
 

 

Un Papa que habla muy claro

16.03.06 @ 00:35:55. Archivado en Iglesia española, Papa

No Casaldáliga, la Iglesia. No la Juan XXIII , la Iglesia. No Masiá, la Iglesia. No Samuel Ruiz, la Iglesia. Tantas veces como lo he dicho siempre alguien me ha replicado que la verdadera Iglesia, la de Cristo donde de verdad estaba era en esos individuos singulares, en esos grupos pintorescos y contestatarios, en la desobediencia, en la rebelión Ayer mismo el Papa dijo en la audiencia de los miercoles todo lo contrario. Exactamente lo que venía repitiendo yo.

“Los doce Apóstoles son el signo más evidente de la voluntad de Jesús respecto a la misión de su Iglesia. Entre el Hijo de Dios hecho carne y su Iglesia no hay contraposición sino una profunda y misteriosa continuidad. Por eso no tiene sentido una frase que se ha difundido durante algún tiempo: &quotJesús sí, la Iglesia no". Cristo está presente hoy en su pueblo y, de modo particular, en aquellos que son los sucesores de los Apóstoles".

En aquellos. No en uno o en tres insolidarios con el resto. La Iglesia es apostólica. No de grupos contestatarios separados de los Apóstoles. Y al que no le guste pues, puerta. Ya está bien de tanta tabarra diaria que además no tiene el menor éxito. Porque, quiéranlo o no, estas son lentejas: las tomas o las dejas.

Benedicto XVI, un Papa que convence

La celeridad con que se suceden acontecimientos importantes no impide que, con parecida rapidez, se olviden. Los hay, sin embargo, que sobreviven en el recuerdo. Por ejemplo, la muerte de un papa. La tan espectacular de Juan Pablo II, un suponer. También, la elección de su sucesor. Un Benedicto XVI reacio al exhibicionismo, que casi aún sigue de estreno.

 

¿Por qué tanto esfuerzo para eliminar

 la religión de la escuela?

¿Es que la religión no contribuye a que el ser humano sea más inteligente y más sabio? El libro de los Proverbios exclama: ¡Bienaventurado el hombre que alcanza la sabiduría y la inteligencia. Ella es más preciosa que las perlas y no hay tesoro tuyo que la iguale!


Florecen los desiertos del corazón

Florecen los desiertos del corazón. Así tituló Roger de Taizé uno de sus diarios. Así entendía las promesas de Dios aquel hermano universal que, como Francisco, sabía sonreír, contagiar su mansedumbre, como nadie abrigar (y lo digo literalmente, pues aún conservo su rebeca gris: me la puso él mismo hace veintitantos años, en la sacristía de la Iglesia de la Reconciliación, en una tarde de manga corta y viento recio). Hermano Roger conocía bien la entraña del Evangelio, por donde pasa la denuncia, pero donde habita la dulzura de la promesa cierta, el suave silbo de la paz del Señor, la soledad sonora del Amor.


Dichosos los que lloran

Como todas las enseñanzas del evangelio, esta bienaventuranza tiene infinidad de aplicaciones. 

Aporto algunas: Los que no rehuyen por sistema los deberes o tareas desagradables,-los que no se acobardan ante las cruces...


Razón y santidad

Decía San Ireneo que “el hombre es racional, y por ello semejante a Dios”. El hombre, con su entendimiento, es capaz de discurrir, de inferir, de conjeturar, de reflexionar, de pensar. En virtud de esta facultad, Dios quiso “dejar al hombre en manos de su propia decisión” (Sirácida 15, 14). No hay, en el cristianismo, el menor indicio de falta de estima por la razón.

 
 
 

         Inicio   Patrimonio   Historia   Imágenes  Exteriores   Ingreso   Oraciones   Vitraux  Confesionarios Con

tacto Free counter and web stats